En Chiguayante, donde el suelo arenoso del valle del Biobío amplifica las ondas sísmicas de manera particular, un edificio de 8 pisos en avenida Manuel Rodríguez necesitaba una solución distinta a la rigidez convencional. Revisando el perfil de suelo tipo D según la microzonificación sísmica de la comuna, el equipo técnico optó por aisladores elastoméricos con núcleo de plomo. La lógica es simple: desacoplar la estructura del movimiento del terreno. El diseño de aislación sísmica de base reduce las aceleraciones de piso y mantiene operativa la edificación después de un sismo severo, algo crítico en una ciudad con más de 85.000 habitantes ubicada a escasos kilómetros de la falla de San Ramón.
Un aislador bien diseñado puede reducir la aceleración espectral en un 60%, protegiendo no solo la estructura sino también el contenido y las vidas humanas en Chiguayante.
