Chiguayante, con más de 85.000 habitantes asentados sobre terrazas fluviales del río Biobío, experimentó demandas sísmicas severas durante el terremoto del 27 de febrero de 2010. La interacción entre el nivel freático alto —que en la planicie oriental de Chiguayante se encuentra a menos de 3 metros de profundidad en invierno— y los depósitos de arenas finas limosas del Holoceno configura un escenario propicio para la licuefacción. Ante la aceleración máxima del suelo (PGA) que la NCh 433.Of1996 Mod.2009 asigna a la zona sísmica 3, realizar un análisis de licuefacción de suelos en Chiguayante no es una formalidad administrativa: es la única manera de dimensionar cimentaciones profundas o sistemas de mejoramiento que eviten asentamientos diferenciales catastróficos. El procedimiento que aplicamos cruza datos de ensayo SPT para obtener el número de golpes normalizado (N1)60, la granulometría del estrato y la resistencia al corte no drenada, integrando luego el factor de seguridad cíclico según el método simplificado de Seed & Idriss actualizado por el NCEER en 2001.
En la terraza fluvial de Chiguayante, la combinación de arenas limosas sueltas y nivel freático somero exige calcular el factor de seguridad contra licuefacción para todo sismo con PGA superior a 0,30g.
