La normativa NCh 1534/2 establece dos variantes para el control de compactación de suelos: el ensayo Proctor Normal y el Modificado. En Chiguayante, donde las terrazas fluviales del río Biobío alternan con depósitos de arena limosa mal graduada, aplicar la energía de compactación correcta define si un relleno soportará la carga de diseño o no. La diferencia entre un ensayo y otro no es menor: el Proctor Modificado entrega densidades secas máximas hasta un 15 % superiores, y en la práctica local se exige para terraplenes viales y plataformas que recibirán estructuras mayores. El laboratorio entrega resultados en 48 horas hábiles, con curvas de compactación trazadas a partir de cinco puntos y un respaldo técnico que integra la granulometría por tamizado cuando se requiere verificar la distribución de partículas del material de préstamo.
La densidad seca máxima sin la humedad óptima correcta es un número vacío. En Chiguayante, el Proctor Modificado es obligatorio para rellenos bajo zapatas.
